Todo aquello que hacemos y percibimos tiene a la vez un componente cognitivo y uno afectivo y no podemos escapar a este afecto, ya que se halla siempre presente en nuestras vidas...

Cuando percibimos la luz lo hacemos a través de nuestra retina (estímulo neuronal) pero sin una interpretación de esos datos por parte de nuestro cerebro no tendríamos lo que se llama una representación visual. Podríamos decir que vemos con el cerebro. Esta capacidad de representación visual no es innata al ser humano, la aprendemos a lo largo de nuestra vida, especialmente en nuestros primeros años de vida. Vamos aprendiendo a través de comparar las experiencias visuales con las experiencias anteriormente vividas, además en este proceso es determinante nuestro contexto cultural, porque también interpretamos según unos códigos culturales adquiridos.

 

La iluminación provoca en las personas modificaciones en su estado emocional, por tanto podemos diseñar espacios para provocar una emoción determinada como: sosiego, alegría, calidez, solemnidad o frialdad entre otros. Por tanto no es de extrañar que las personas sean una clave fundamental a la hora de realizar un proyecto de iluminación en un espacio. La cultura y las emociones que queremos provocar en las personas son aspectos funcionales clave a la hora de diseñar.

 

Algunas de los aspectos a tener en cuenta a la hora de provocar esos estados emocionales en los individuos son los siguientes:

 

  • Intensidad: Está relacionada con la energía de las personas. A mayor intensidad mayor energía proyectamos en las personas. Por eso si queremos que las personas se mantengan con una actividad baja en un espacio tendremos una baja intensidad de luz, por el contrario si queremos alta intensidad de las personas tendremos una intensidad de luz mayor.
  • Ubicación y orientación: Se proyecta la luz hacia aquellos espacios donde se pretende que las personas centren su atención. Este aspecto es muy importante para proyectos de iluminación, por ejemplo en museos, donde la iluminación está orientada a la percepción del objeto y a la trasmisión de emociones y sensaciones a través del arte.
  • Temperatura: Las distintas tonalidades que puede tener la luz (cálida, neutra y fría) es lo que denominamos temperatura de color. La luz cálida hace que se cree una atmósfera más íntima, esta es muy importante para el diseño de espacios que pretenden que las personas experimenten relajación y recogimiento. Por el contrario si se pretende que las personas experimenten sensación de higiene o limpieza será necesario una luz fría.
    Color: Cuando nos referimos a la iluminación RGB (Red, Green, Blue) cuyo nombre se refiere a los tres colores primarios a partir de los cuales se crean toda la gama cromática, nos referimos al color de la luz. Cada color tiene un efecto diferente sobre las personas además este efecto varía según la cultura en la que nos encontremos. Si pretendemos crear en las personas un efecto de tranquilidad en occidente el color verde funcionará muy bien, para un espacio espiritual luz violeta pero en oriente se usaría tonos rojizos para provocar esta misma sensación.

 

Podemos decir que existen conocimientos técnicos y estéticos que debemos conocer antes de comenzar con un proyecto de iluminación. Además tendremos que tener en cuenta que estos patrones de iluminación varían en función del individuo en relación a su contexto cultural. La iluminación meramente funcional no contempla el hecho de que se pueda transmitir un estado emocional dotando de uso y emoción cualquier espacio.